sábado, agosto 6

Las alergias

Alergias e intolerancias: Conflictos emocionales

¡¡Esto es insoportable!!

Hablamos de alergia cuando se produce una reacción en el organismo al entrar éste en contacto con una sustancia, resultado de una hipersensibilidad en la que interviene el sistema inmunológico.

Desde la BioNeuroEmoción® entendemos que la alergia es la manera en que nuestro inconsciente biológico nos avisa del peligro que supone entrar de nuevo en contacto con una situación que nos causó un gran dolor emocional. Por lo tanto, para que la alergia se manifieste tiene que haber habido necesariamente una situación previa en la que se ha tenido contacto con el alérgeno en cuestión, sumada a un sentimiento de “fuerte rechazo” o “intolerancia” hacia algo o hacia alguien.

Encontramos que, al igual que sucede con el resto de síntomas y enfermedades, la persona alérgica ha vivido una experiencia en la que no se ha permitido sentir ni expresar la emoción generada por ella. Terminar con la sintomatología producida por una alergia es tan sencillo como ir a la situación primigenia que causó el sufrimiento emocional y liberar la emoción reprimida. A veces basta con leer unas líneas para tomar conciencia de ello, en otras es necesario servirse de un Acompañante en BioNeuroEmoción® que pueda hacer de guía para encontrar la situación conflictiva y así manifestar el resentir.

En base a su origen, las alergias pueden ser coyunturales (95%), cuando son causadas por una vivencia propia, o estructurales (5%) si proviene en forma de programa de mano de nuestros ancestros (Transgeneracional) o de la vida intrauterina (Proyecto Sentido). Cuando se trata de una alergia coyuntural, a la pregunta ¿desde cuándo?, la persona va a responder “desde siempre”. Como ejemplo citaré que uno de mis hermanos es alérgico a la penicilina “desde siempre”. Mi abuelo, del que es doble por fecha de nacimiento y por nombre, recibió un trozo de metralla en el ojo durante unas prácticas militares, ojo que finalmente perdió. Las palabras del médico que le asistió fueron: “esto no hubiera pasado de haber tenido a mano penicilina”. El mensaje del abuelo está ahí para que su descendiente sepa cuán grande fue su sufrimiento y, desde su comprensión, poder liberarle de su dolor.

Las fases de la alergia

La alergia se desarrolla en dos fases:

La primera fase recibe el nombre de muda o silenciosa debido a la ausencia de síntomas. En esta fase el alérgeno entra por primera vez en contacto con el organismo como decorado de una situación que sobrepasa nuestro umbral de estrés y nos aboca a un conflicto emocional. La lectura que hace nuestro inconsciente biológico es la de ¡¡peligro!!, por lo que todo nuestro sistema inmunológico se pone en marcha para analizar e identificar al agresor, quién,, a partir de este momento, tiene el paso vedado a nuestro organismo. Por su parte, en el momento del shock, el inconsciente lleva a cabo una grabación de todos los estímulos sensoriales (lo que llega en forma de imagen, de sonido, de olor, de sabor y de sensación) para finalmente, de todos ellos, terminar asociando uno o varios con el peligroso agresor.

A la segunda fase la conocemos como ruidosa porque es la que, a través de los síntomas (nariz, ojos, garganta, pulmones, piel, aparato digestivo…), nos va a indicar que el agresor ha vuelto, y por lo tanto se ponen en alerta todos nuestros sistemas de defensa para combatirlo y evitar una segunda agresión. Es entonces, gracias al estímulo sensorial que grabó nuestro inconsciente durante la primera fase, cuando se acciona la señal de alarma y aparecen los síntomas de la alergia que variarán de acuerdo al estímulo sensorial asociado. Por ejemplo, si el estímulo que quedó asociado a la experiencia conflictual fue un estímulo óptico, nuestra biología dará como respuesta física el que lloren los ojos con el fin de evitar "ver" aquello que me va a doler: “no quiero volver a verlo” o “ya no volveré a verlo” .

Y es así como encontramos el Sentido Biológico de las alergias, su “¿para qué?”, que no es otro que ponernos a salvo de aquello que nos ocasionó dolor cuando nos sentimos agredirnos.

Sintomatología

Entre los síntomas que aparecen en las alergias destacaré los siguientes:

Rinitis: Con los estornudos y la desaparición del olfato evito percibir aquello que "me huele mal".
Conjuntivitis: Con el picor y el lagrimeo de los ojos evito "ver lo que me duele".
Dermatitis: Con la inflamación de la piel evito "entrar en contacto". Este síntoma lo encontramos en todos los conflictos de separación. Para su lectura es recomendable tener en cuenta la parte del cuerpo que se ve afectada.

Alergias e intolerancias más comunes

Alergia al heno y polen: El polen es la parte masculina de las plantas. A nivel simbólico simboliza el amor, la sexualidad y la reproducción. Aquí encontramos tanto situaciones de separaciones  y desencuentros afectivos, como de sexo impuesto. Cuando la alergia aparece en niños menores de siete años, el conflicto frecuentemente tiene que ver con la falta de amor entre los padres (peleas, separaciones, ausencia de deseo...).

Alergia a productos lácteos: Arquetípicamente la leche es mamá, es el contacto con la madre, el alimento (=amor) que me nutre. Las historias que hay detrás de una alergia a los lácteos revelan que hay una separación en relación a la función materna (en algunos casos no es la madre en sí, sino quién realiza la función materna propiamente dicha), del colorido “quiero estar muy cerca de mamá” o “quiero a mi mamá lejos”. El queso, que entra dentro del apartado de los lácteos, tiene una lectura de “me gustaría que mamá fuera diferente”. La persona alérgica se mantiene "a salvo" no entrando en contacto con la leche (=mamá).

Alergia al gluten: De la misma manera que leche es mamá, el pan para nuestro inconsciente es papá, ya que es quién biológicamente trae “el pan” (=el sustento) a casa. Además, el pan es lo que ponemos en la mesa dónde se reúne la familia, por lo que también tiene que ver con el ambiente familiar. El resentir es del tipo “hay mal ambiente en la familia a causa de papá”. Cuando hay intolerancia al gluten hablamos de rehusar asimilar bien la figura paterna, bien el ambiente familiar.

Alergia al alcohol: El alcohol es el azúcar transformado. Voy a rechazar inconscientemente el alcohol cuando el amor que he recibido no me gusta: ”quiero amor, pero un amor muy distinto al que me han dado”.

Alergia a muchos de los alimentos o a los alimentos en general: El alimento siempre es mamá (=Madre Tierra). En todos los casos consideraremos  la relación que se tiene con la madre (=figura materna). De la misma manera lo haremos cuando se trate de una alergia a un producto químico (química=Tierra=madre).

Alergia a picaduras de avispas: El inconsciente, además de por arquetipos, se mueve también por símbolos. La avispa “pica”, "se queda con algo que es tuyo"; en consecuencia, simbólicamente, este tipo de alergia me habla de situaciones, habitualmente acontecidas en mi entorno más cercano, dónde me siento criticado (=me pican, me pinchan) o siento que me arrebatan algo mío, como por ejemplo la dignidad (tenemos en cuenta que para el inconsciente real y virtual es lo mismo), y cuando esto sucede sale la rabia que he ido acumulando en otras situaciones dónde de igual manera me he sentido atacado.

Alergia a las plumas: La alergia a las plumas también tiene que ver con su significado simbólico. Las plumas hablan de volar, de libertad, de llevar a cabo aquello que quiero hacer. ¿Qué o quién me priva del placer de hacer lo que quiero?

Alergia a los animales: Todos los animales se relacionan con el amor, el instinto y la sexualidad, Después hemos de mirar más detenidamente cuál es la característica que sobresale por encima del resto, tanto a nivel general como particular para cada persona. Por ejemplo, el perro que se vincula a la fidelidad y al amor incondicional, delata un rechazo o resistencia a sentir amor, o quizá a la negación de vivir la sexualidad de una forma violenta, impuesta. El gato va ligado a la sensibilidad desde la figura femenina que representa, y también a la independencia, ¿qué aspecto de mi sexualidad, por ejemplo, reprimo?. En todos los casos hay que tirar del hilo para encontrar la historia que hay detrás de la historia.

Alergia a los antibióticos (también aplicable a los medicamentos en general): Esta alergia puede ser en muchos casos transgeneracional, tal y como hemos visto anteriormente. Si nos remitimos a su etimología tenemos que “anti” significa “contra” y “bio”, “vida”, por lo que los antibióticos actúan contra la vida (los microbios también son vida). Una alergia a los antibióticos puede relacionarse con el rechazo a ciertas situaciones de nuestra vida, o a la resistencia por tener que vivirla de una determinada manera.

Alergia al polvo: El polvo representa sexo, suciedad e impureza. La alergia al polvo denota un rechazo hacia algo o alguien (incluso hacia uno mismo) por considerarlo sucio o impuro, o hacia ciertos aspectos de la sexualidad que califico de indecentes.

Alergia en la piel (también al látex, que es como una “segunda piel”): La piel, más concretamente la epidermis, es la parte de nuestro cuerpo que entra en contacto con el otro y también la que marca los límites para evitar el contacto no deseado. En consecuencia, todas las alergias de la piel se focalizan en un exceso o en una falta de contacto (=separación), que guardará una estrecha relación con la parte del cuerpo afectada (por ejemplo, el rostro tiene que ver con la imagen que se da de uno mismo). Cuando se trata de alergia al agua le añadimos el significado de ésta que es vida, emociones, madre y también el líquido amniótico (=nuestros referentes, además de la liquidez, dinero). Si la alergia es al sol tendremos que buscar un conflicto vivido con el padre, puesto que para el inconsciente el sol es el arquetipo de padre.

Alergia a los metales: En la mayoría de los casos son programas heredados a través del transgeneracional, como por ejemplo la muerte de un abuelo por un disparo o agresión con arma blanca.

Ambientes, perfumes: Al estar este tipo de alergia relacionada directamente con la nariz, bien puede tratarse de un conflicto de cariz sexual.

Resumiendo

Tienes cada vez más datos que te abren los ojos a una nueva realidad. Es momento de dejar de buscar fuera la respuesta a todo lo que te sucede en la vida, y comenzar a ver que tienes tú que ver con aquello que estás viviendo.

miércoles, julio 6

PULIENDO NUESTRAS VIDAS HASTA MERECER LA PAREJA IDEAL


Uno de los sufrimientos de crecimiento más grandes por los que la mayoría de nosotros atravesamos es el proceso de hallar a nuestro compañero ideal.
Muchos encuentran esto tan extenuante, tanto emocional como físicamente, que intentan todo lo que se les ocurre para vencer este dolor. Pero a pesar de sus repetidos intentos, no pueden hacer nada para evitar que esto se transforme en algo crónico en sus vidas.
¿Cómo podemos hallar a la persona correcta en el momento correcto, enamorarnos y valorarnos mutuamente al mismo tiempo? El hecho de no saber cómo actuar frente a tantos factores, criterios y variables tan complejas que intervienen en el encuentro de estas dos personas únicas, aún atravesando una interminables frustración y tormento y luchando a través de incansables ensayos y errores, nos deja a la mayor parte de nosotros, cuando menos, desconcertados.
El éxito en la búsqueda de nuestro compañero ideal aparece entonces como una meta muy ardua y difícil de alcanzar. Pareciera que los afortunados son apenas un puñado entre cientos de miles. Pero aún siendo así de escasa la probabilidad, es alta si la comparamos con aquella de encontrar y abrazar el Sutra del Loto. Veamos qué nos dice Nichiren Daishonin acerca de esta posibilidad:
“Así, encontrar este sutra es tan raro como el florecer de la flor de udumbara, que sucede tan sólo cada tres mil años, o comparable a que la tortuga de un solo ojo encuentre flotando un trozo de sándalo, lo cual ocurre sólo una vez en innumerables e interminables kalpas.”
El Daimoku del Sutra del Loto. WND p 143.
¡Atención entonces!, nosotros como practicantes del Budismo de Nichiren que invocamos Nam-Myoho-Rengue-Kyo, nos hemos hecho acreedores al premio máximo.
Nichiren Daishonin continúa diciendo:
“El octavo volumen del Sutra del Loto de la Ley Maravillosa establece que aquél que acepta y propaga el Sutra del Loto disfrutará de inmensa buena fortuna.”
Entonces, no queda duda de que, como practicantes del Sutra del Loto, hemos heredado esta inmensurable y omnisciente buena fortuna. En tanto realicemos las causas correctas, seamos capaces de manifestarla y disfrutarla. De este modo, si aplicamos la estrategia del Sutra del Loto al cuidadoso pulimento de nuestras vidas, ya nos estamos preparando para reclamar esta buena fortuna que está a nuestro nombre. Y entre las diversas clases de buena fortuna, se encuentra aquella de hallar a nuestro compañero ideal, a pesar de que las probabilidades parezcan escasas.
En la misma carta, el Daishonin señala:
“Cuando el Sutra del Loto fue predicado y la luna de la enseñanza teórica apareció en el cielo, primero alcanzaron la iluminación los bodhissatvas de ojos excelentes, luego las personas bizcas de los dos vehículos y, por último, hasta los ojos ciegos de las personas comunes fueron abiertos.”
Así, con nuestros ojos bien abiertos, la puerta de la sabiduría de Buda, esa sabiduría inherente a la vida humana, también fue abierta. Aplicado a nuestro tema, ¿qué clase de problema es este al que no podemos encontrarle una solución y qué clase de laberinto es el asunto amoroso del que no podemos encontrar un camino directo hacia la salida?
El budismo enseña que todos los problemas y sus soluciones provienen desde dentro de nuestras propias vidas. Por lo tanto, si hemos venido teniendo dificultades en hallar a nuestro compañero ideal, sabemos que es en nuestro interior donde se encuentran en última instancia las respuestas acerca de cómo alcanzar esta meta.
Lo primero que podemos hacer en nuestras vidas es construirnos a nosotros mismos antes que nada.
Nuestro objetivo mínimo debería comenzar por convertirnos en personas dignas de ser amadas. Y el objetivo final es pulir nuestras vidas de manera que atraigamos a los candidatos ideales como imanes llenos de promisorias retribuciones por habernos confiado sus corazones.
Para alcanzar tales objetivos, en primer lugar y antes que nada es recomendable que comencemos una campaña de daimoku para elevar nuestro estado de vida y hacer emerger nuestra sabiduría.
Según el principio de “unidad de persona y su medio ambiente”, a menos que nos elevemos del nivel en el que nos encontramos ahora, siempre seremos presas del consabido medio ambiente conflictivo y de sucesos perturbadores que no son más que el fiel reflejo de nuestro estado de vida.
Una serpiente se aparea con otra serpiente, mientras que un ser humano hace pareja con otro ser humano, una persona cuyo estado se vida se encuentra en el Estado de Tranquilidad, normalmente no buscará una relación con otra persona cuyo estado de vida esté permanentemente en Animalidad o Hambre.
En lo que atañe a nuestro compañero ideal, todos tenemos nuestras condiciones y aspiraciones en mente: si somos humildes y conservadores, normalmente buscaremos a alguien que posea un perfil similar al nuestro.
La mayoría tiende a desear a alguien que es o potencialmente será más elevado que uno mismo, tanto en personalidad y habilidades como en logros o aspectos financieros. Como seres humanos, es natural que adornemos, busquemos y admiremos a personas con cualidades mejores que las nuestras.
Si aspiramos a conseguir a alguien con las mejores cualidades posibles como nuestro compañero para toda la vida, la manera segura de lograrlo es desarrollarnos nosotros mismos hasta lograr vivir según los mismo –o aún más elevados –criterios que aquellos que exigimos de ese compañero perfecto. De esta forma, no malgastaremos nuestro tiempo en vano tratando de alcanzar aquello que está fuera de nuestro alcance. En otras palabras, lo mejor es que primero “reparemos y actualicemos” todo nuestro ser de manera tal de merecer el amor de nuestro compañero ideal. Y para alcanzar este objetivo, la revolución humana constituye la clave fundamental.
¿Somos felices y saludables mental y físicamente?, ¿somos personas positivas, con confianza en nosotros mismos, activos, diligentes?, ¿cuánta fuerza tenemos y qué hemos logrado en la vida que merezca el respeto, admiración y aceptación de los demás?, ¿estamos tratando realmente de aplicar todo nuestro esfuerzo en extraer nuestro máximo potencial con el propósito de avanzar?, ¿estamos transformando nuestros defectos en virtudes con las cuales podamos engalanar nuestra vida para que brille más y más aún?, ¿somos esa clase de persona adorable y amigable que nosotros mismos estamos anhelando encontrar y con la cual convivir?
En su “Carta a los Hermanos”, Nichiren Daishonin nos proporciona una vívida descripción de la estrecha relación que existe entre marido y mujer: “Cuando un marido es feliz, su esposa se siente colmada. Cuando un hombre es ladrón, su esposa también termina por serlo. Esto no sólo es un hecho limitado en ésta existencia. El marido y la mujer tienen una relación tan íntima como el cuerpo y la sombra, como la flor y el fruto, como la raíz y las hojas, en cada existencia de la vida. Los insectos se alimentan de los árboles en que viven y los peces beben del agua en que nadan. Si la hierba se marchita, las orquídeas se lamentan; si los pinos crecen frondosos, los robles se regocijan.” - WND, p 501
En otras palabras, dos personas permanecen juntas, comparten sus vidas o experimentan sus karmas combinados juntos, pero no están juntas sólo por producto del azar. Están juntas por razones concretas. Aquellos que poseen buen karma pueden compartir su buena fortuna con aquellas personas que poseen la buena fortuna de disfrutarlo. Aquellos que tienen un profundo y oscuro karma, sólo estarán junto a alguien cuyo destino –o al menos parte de él –sea igualmente oscuro y pesado. Un hombre tierno y afectuoso no calificará para interpretar el papel de marido en la vida de aquella mujer cuyo karma es casarse con un hombre abusivo. En cambio, él corresponderá a una mujer que posea el buen karma de disfrutar el tierno amor de su hombre.
Por lo tanto, su somos los suficientemente sabios, antes de emprender la búsqueda del Sr. o la Sra. Apropiada, erradicaremos nuestro mal karma y crearemos buen karma primero. De esta manera, nos convertiremos en personas de mejor fortuna. Esto nos ahorrará el atravesar por muchos sufrimientos indeseables y evitables.
Una miembro de la División Juvenil Femenina (DJF), inteligente y hermosa, debió sufrir reiteradamente a causa de su karma de relaciones destructivas. Su karma había sido encarnado continuamente por una serie de jóvenes de un perfil muy parecido, que se sucedían en su vida como si fuera una carrera de postas. Cada vez que iniciaba una nueva relación, ella se sentía tan atraída hacia su nueva pareja que rápidamente le entregaba su cuerpo y su corazón, convirtiéndose así en alguien subordinada por completo a ese hombre. Se había brindado fácilmente a aquellos hombres que buscaban conquistas fáciles. Como resultado, ellos no la valoraban, sino que, uno tras otro, la abandonaban cuando el entusiasmo por la novedad se desvanecía.
Obviamente, ninguno de ellos era el hombre con quien se suponía que compartiera su vida, y su karma volvía a tenderle una trampa en el momento preciso a causa de que carecía de sabiduría para distinguir lo bueno de lo malo. Ella no tomaba conciencia de este gran problema de su karma hasta que se esforzó el cuádruple en su daimoku y en las actividades por el Kosen-Rufu.
Entonces fortaleció persistentemente su fe, práctica y estudio con el objetivo de erradicar su karma de relaciones tóxicas, trabajando también así firmemente en su revolución humana. En su caso, tuvo que forzarse dolorosamente a no saltar rápidamente a una nueva relación hasta que no tuvo claro que no había transformado su vida.
Ella ha encontrado por fin su compañero ideal, una persona completamente diferente de aquéllas con quienes se habían relacionado en el pasado. Ahora puede tratarlo con auténtica ternura ya que existe reciprocidad por parte de él, que le retribuye con más amor y cuidados aún. Sin embargo, esto sólo ocurrió a partir de que ella elevó su estado de vida y cambió su óptica hacia los hombres, pudiendo así reconocer y elegir a este afortunado hombre que armoniza perfectamente con ella.
Tres años de práctica diligente, entre lágrimas y experiencias desgarradoras, fueron realmente duros hasta que pudo triunfar en su búsqueda de erradicar el mal karma de las relaciones, pero fue un esfuerzo bien invertido. Si nunca lo hubiera hecho, hoy todavía estaría tropezando y sufriendo a causa del mismo karma, probablemente por el resto de su vida.
La segunda respuesta que nuestra vida puede dar es elegir sabiamente.
No querríamos arriesgar nuestra felicidad atándonos a alguien sólo porque esa persona está disponible para nosotros, ¿verdad? Si lo hacemos, sólo nos cabe esperar un interminable sufrimiento. El sentirse desesperadamente solo, el temor de que no haya otra oportunidad de encontrar a un compañero mejor o el creer que no merecemos a alguien mejor no son motivos suficientes para mecánicamente desvalorizarnos y bajar nuestras expectativas. Es mejor dejar que el corazón continúe anhelando un gran amor que llenar ese doloroso vacío sin criterio alguno.
También aquí, haríamos bien en transformar antes que nada toda esa energía proveniente de la desesperación, el temor y el conflicto interior en combustible que forje nuestro propio desarrollo.
Echemos una mirada a cómo es una armoniosa y sólida unión ante los ojos del Daishonin:
“El hiyoku es un ave de un cuerpo y dos cabezas. Ambos picos alimentan el mismo cuerpo. Los hiboku son peces que poseen un solo ojo. Por eso el macho y la hembra deben permanecer juntos durante toda la vida. El marido y la mujer tendrían que ser así.”
Carta a los Hermanos, WND p 502.
Una relación ideal debería ser recíprocamente nutritiva. Es muy importante que, con nuestro compañero, nos inspiremos y alentemos, respetemos y valoremos, motivemos y fortalezcamos el uno al otro. Que podamos compartir sueños y esperanzas, que abracemos las creencias y el carácter del otro, que juntos vertamos lágrimas frente a la adversidad y que trabajemos como dos en cuerpo pero con una sola mente que posee objetivos comunes. Que nos aseguremos que ambas partes seamos maduras, sinceras, independientes, auténticas, positivas, protectoras y deseosas de mejorar y crecer.
No nos gustaría vernos involucrados con alguien cuya energía es inherentemente destructiva y obstructiva de nuestra felicidad. Si nuestro compañero en perspectiva tiende a ser dominante o a avasallarnos de manera poco razonable y no nos sentimos seguros de nuestra habilidad para amoldarnos con alegría a una personalidad tan fuerte, apliquemos nuestra sabiduría y sentido común para alejarnos de esa relación. Tenemos que estar atentos y no saltar ciegamente hacia una relación predeciblemente condenada y dolorosa desde el mismísimo comienzo.
La tercera respuesta que nuestra vida puede dar a resolver nuestro problema de relación es renovar la imagen que hemos venido teniendo de los que debe ser un compañero ideal.
En verdad, mirándolo superficialmente, es difícil encontrar a alguien cuyas fuerzas y debilidades se adapten a las nuestras de manera perfecta. Pero, depende de nosotros el cómo pensemos y actuemos para complementarnos el uno al otro y crear valor de las aparentes fallas de nuestro compañero.
Cuando los ideales y deseos de ambos lados no están balanceados o están confrontados, antes de considerar la relación como condenada al fracaso y romper el compromiso o de apurarnos a terminarla, hay todavía algo que podemos intentar. De hecho, el activar nuestra sabiduría nos hace tomar conciencia del distorsionado retrato que habíamos pintado de nuestro compañero. También podemos emplear las enseñanzas del Budismo de Nichiren Daishonin para obtener una imagen realista, vívida y positiva de la misma persona.
Hay diferentes ángulos desde los cuales podemos reconsiderar nuestra opinión de nuestro compañero y hallar formas de corregir y ajustar las diferencias de ambas partes.
¿Son esos problemas fundamentales para nuestra relación, algo definitivamente insoportable en el largo plazo?, ¿están instalados sin que exista la menor posibilidad de mejora o cambio?, ¿son únicamente responsabilidad de nuestro compañero?, ¿o bien son el producto de nuestra propia mente ilusionada por la función de los Tres Venenos de la codicia, la furia y la estupidez? Y, los que es más importante de todo, ¿poseemos la sabiduría para ver la realidad de estos vínculos como una manifestación de nuestro propio karma, y estamos dispuestos, por tanto, a asumir total responsabilidad?, ¿qué podemos hacer para ayudar a nuestro compañero y dar un giro en nuestra relación?
¿Alguna vez se peguntaron por qué un hombre al que dejaron se convierte en pareja de otra persona? “Los que uno deshecha es el tesoro de otro.”, dice el refrán. Vale decir, el valor de todo es relativo, dependiendo de su vínculo con el medio ambiente y del ángulo desde el cual lo miramos. ¿Significa esto que podemos reconfigurar el patrón de nuestra relación sin necesidad de cambiar de compañero?, ¡Sí!
Y aquí viene la importante cuestión a tener en cuanta y la verdadera tarea de realizar: ¿podemos brindarlo a nuestro compañero espacio para vivir su propia vida en lugar de envolverlo en la estrecha mira de nuestros esquemas mentales?, ¿deseamos aplicar la sabiduría, misericordia y fuerza –nuestra naturaleza de Buda –para transformar en medicina?, ¿recorreremos este nuevo camino, dondequiera que éste nos lleve, con una actitud positiva y crearemos nada más que buenas causas para nuestra relación?, ¿queremos realmente aplicar nuestra sabiduría y misericordia para comprender el punto de vista de nuestro compañero y practicar éste budismo en su nombre para ayudarlo a transformar su karma y erradicar su sufrimiento?
La cuarta respuesta para ayudarnos en nuestra relación es reflexionar acerca de lo que queremos y estar bien preparados para lograrlo. En otras palabras, determinar lo que queremos, así como también determinar que llevaremos a cabo lo que sea necesario para merecerlo.
Los deseos, necesidades y aspiraciones de las personas varían, y los criterios que ella se fijó puede que no coincidan con el de muchas personas। No importa la magnitud de lo que nos propongamos: si hacemos la causa necesaria, recibiremos el correspondiente efecto.

Si hemos venido teniendo dificultades en hallar a nuestro compañero ideal, sabemos que es en nuestro interior donde se encuentran en última instancia las respuestas acerca de cómo alcanzar esta meta.
Lo primero que podemos hacer en nuestras vidas es construirnos a nosotros mismos antes que nada.
Nuestro objetivo mínimo debería comenzar por convertirnos en personas dignas de ser amadas. Y el objetivo final es pulir nuestras vidas de manera que atraigamos a los candidatos ideales como imanes llenos de promisorias retribuciones por habernos confiado sus corazones.
Para alcanzar tales objetivos, en primer lugar y antes que nada es recomendable que comencemos una campaña de daimoku para elevar nuestro estado de vida y hacer emerger nuestra sabiduría.
Según el principio de “unidad de persona y su medio ambiente”, a menos que nos elevemos del nivel en el que nos encontramos ahora, siempre seremos presas del consabido medio ambiente conflictivo y de sucesos perturbadores que no son más que el fiel reflejo de nuestro estado de vida.

PULIENDO NUESTRAS VIDAS HASTA MERECER LA PAREJA IDEAL


Uno de los sufrimientos de crecimiento más grandes por los que la mayoría de nosotros atravesamos es el proceso de hallar a nuestro compañero ideal.
Muchos encuentran esto tan extenuante, tanto emocional como físicamente, que intentan todo lo que se les ocurre para vencer este dolor. Pero a pesar de sus repetidos intentos, no pueden hacer nada para evitar que esto se transforme en algo crónico en sus vidas.
¿Cómo podemos hallar a la persona correcta en el momento correcto, enamorarnos y valorarnos mutuamente al mismo tiempo? El hecho de no saber cómo actuar frente a tantos factores, criterios y variables tan complejas que intervienen en el encuentro de estas dos personas únicas, aún atravesando una interminables frustración y tormento y luchando a través de incansables ensayos y errores, nos deja a la mayor parte de nosotros, cuando menos, desconcertados.
El éxito en la búsqueda de nuestro compañero ideal aparece entonces como una meta muy ardua y difícil de alcanzar. Pareciera que los afortunados son apenas un puñado entre cientos de miles. Pero aún siendo así de escasa la probabilidad, es alta si la comparamos con aquella de encontrar y abrazar el Sutra del Loto. Veamos qué nos dice Nichiren Daishonin acerca de esta posibilidad:
“Así, encontrar este sutra es tan raro como el florecer de la flor de udumbara, que sucede tan sólo cada tres mil años, o comparable a que la tortuga de un solo ojo encuentre flotando un trozo de sándalo, lo cual ocurre sólo una vez en innumerables e interminables kalpas.”
El Daimoku del Sutra del Loto. WND p 143.
¡Atención entonces!, nosotros como practicantes del Budismo de Nichiren que invocamos Nam-Myoho-Rengue-Kyo, nos hemos hecho acreedores al premio máximo.
Nichiren Daishonin continúa diciendo:
“El octavo volumen del Sutra del Loto de la Ley Maravillosa establece que aquél que acepta y propaga el Sutra del Loto disfrutará de inmensa buena fortuna.”
Entonces, no queda duda de que, como practicantes del Sutra del Loto, hemos heredado esta inmensurable y omnisciente buena fortuna. En tanto realicemos las causas correctas, seamos capaces de manifestarla y disfrutarla. De este modo, si aplicamos la estrategia del Sutra del Loto al cuidadoso pulimento de nuestras vidas, ya nos estamos preparando para reclamar esta buena fortuna que está a nuestro nombre. Y entre las diversas clases de buena fortuna, se encuentra aquella de hallar a nuestro compañero ideal, a pesar de que las probabilidades parezcan escasas.
En la misma carta, el Daishonin señala:
“Cuando el Sutra del Loto fue predicado y la luna de la enseñanza teórica apareció en el cielo, primero alcanzaron la iluminación los bodhissatvas de ojos excelentes, luego las personas bizcas de los dos vehículos y, por último, hasta los ojos ciegos de las personas comunes fueron abiertos.”
Así, con nuestros ojos bien abiertos, la puerta de la sabiduría de Buda, esa sabiduría inherente a la vida humana, también fue abierta. Aplicado a nuestro tema, ¿qué clase de problema es este al que no podemos encontrarle una solución y qué clase de laberinto es el asunto amoroso del que no podemos encontrar un camino directo hacia la salida?
El budismo enseña que todos los problemas y sus soluciones provienen desde dentro de nuestras propias vidas. Por lo tanto, si hemos venido teniendo dificultades en hallar a nuestro compañero ideal, sabemos que es en nuestro interior donde se encuentran en última instancia las respuestas acerca de cómo alcanzar esta meta.
Lo primero que podemos hacer en nuestras vidas es construirnos a nosotros mismos antes que nada.
Nuestro objetivo mínimo debería comenzar por convertirnos en personas dignas de ser amadas. Y el objetivo final es pulir nuestras vidas de manera que atraigamos a los candidatos ideales como imanes llenos de promisorias retribuciones por habernos confiado sus corazones.
Para alcanzar tales objetivos, en primer lugar y antes que nada es recomendable que comencemos una campaña de daimoku para elevar nuestro estado de vida y hacer emerger nuestra sabiduría.
Según el principio de “unidad de persona y su medio ambiente”, a menos que nos elevemos del nivel en el que nos encontramos ahora, siempre seremos presas del consabido medio ambiente conflictivo y de sucesos perturbadores que no son más que el fiel reflejo de nuestro estado de vida.
Una serpiente se aparea con otra serpiente, mientras que un ser humano hace pareja con otro ser humano, una persona cuyo estado se vida se encuentra en el Estado de Tranquilidad, normalmente no buscará una relación con otra persona cuyo estado de vida esté permanentemente en Animalidad o Hambre.
En lo que atañe a nuestro compañero ideal, todos tenemos nuestras condiciones y aspiraciones en mente: si somos humildes y conservadores, normalmente buscaremos a alguien que posea un perfil similar al nuestro.
La mayoría tiende a desear a alguien que es o potencialmente será más elevado que uno mismo, tanto en personalidad y habilidades como en logros o aspectos financieros. Como seres humanos, es natural que adornemos, busquemos y admiremos a personas con cualidades mejores que las nuestras.
Si aspiramos a conseguir a alguien con las mejores cualidades posibles como nuestro compañero para toda la vida, la manera segura de lograrlo es desarrollarnos nosotros mismos hasta lograr vivir según los mismo –o aún más elevados –criterios que aquellos que exigimos de ese compañero perfecto. De esta forma, no malgastaremos nuestro tiempo en vano tratando de alcanzar aquello que está fuera de nuestro alcance. En otras palabras, lo mejor es que primero “reparemos y actualicemos” todo nuestro ser de manera tal de merecer el amor de nuestro compañero ideal. Y para alcanzar este objetivo, la revolución humana constituye la clave fundamental.
¿Somos felices y saludables mental y físicamente?, ¿somos personas positivas, con confianza en nosotros mismos, activos, diligentes?, ¿cuánta fuerza tenemos y qué hemos logrado en la vida que merezca el respeto, admiración y aceptación de los demás?, ¿estamos tratando realmente de aplicar todo nuestro esfuerzo en extraer nuestro máximo potencial con el propósito de avanzar?, ¿estamos transformando nuestros defectos en virtudes con las cuales podamos engalanar nuestra vida para que brille más y más aún?, ¿somos esa clase de persona adorable y amigable que nosotros mismos estamos anhelando encontrar y con la cual convivir?
En su “Carta a los Hermanos”, Nichiren Daishonin nos proporciona una vívida descripción de la estrecha relación que existe entre marido y mujer: “Cuando un marido es feliz, su esposa se siente colmada. Cuando un hombre es ladrón, su esposa también termina por serlo. Esto no sólo es un hecho limitado en ésta existencia. El marido y la mujer tienen una relación tan íntima como el cuerpo y la sombra, como la flor y el fruto, como la raíz y las hojas, en cada existencia de la vida. Los insectos se alimentan de los árboles en que viven y los peces beben del agua en que nadan. Si la hierba se marchita, las orquídeas se lamentan; si los pinos crecen frondosos, los robles se regocijan.” - WND, p 501
En otras palabras, dos personas permanecen juntas, comparten sus vidas o experimentan sus karmas combinados juntos, pero no están juntas sólo por producto del azar. Están juntas por razones concretas. Aquellos que poseen buen karma pueden compartir su buena fortuna con aquellas personas que poseen la buena fortuna de disfrutarlo. Aquellos que tienen un profundo y oscuro karma, sólo estarán junto a alguien cuyo destino –o al menos parte de él –sea igualmente oscuro y pesado. Un hombre tierno y afectuoso no calificará para interpretar el papel de marido en la vida de aquella mujer cuyo karma es casarse con un hombre abusivo. En cambio, él corresponderá a una mujer que posea el buen karma de disfrutar el tierno amor de su hombre.
Por lo tanto, su somos los suficientemente sabios, antes de emprender la búsqueda del Sr. o la Sra. Apropiada, erradicaremos nuestro mal karma y crearemos buen karma primero. De esta manera, nos convertiremos en personas de mejor fortuna. Esto nos ahorrará el atravesar por muchos sufrimientos indeseables y evitables.
Una miembro de la División Juvenil Femenina (DJF), inteligente y hermosa, debió sufrir reiteradamente a causa de su karma de relaciones destructivas. Su karma había sido encarnado continuamente por una serie de jóvenes de un perfil muy parecido, que se sucedían en su vida como si fuera una carrera de postas. Cada vez que iniciaba una nueva relación, ella se sentía tan atraída hacia su nueva pareja que rápidamente le entregaba su cuerpo y su corazón, convirtiéndose así en alguien subordinada por completo a ese hombre. Se había brindado fácilmente a aquellos hombres que buscaban conquistas fáciles. Como resultado, ellos no la valoraban, sino que, uno tras otro, la abandonaban cuando el entusiasmo por la novedad se desvanecía.
Obviamente, ninguno de ellos era el hombre con quien se suponía que compartiera su vida, y su karma volvía a tenderle una trampa en el momento preciso a causa de que carecía de sabiduría para distinguir lo bueno de lo malo. Ella no tomaba conciencia de este gran problema de su karma hasta que se esforzó el cuádruple en su daimoku y en las actividades por el Kosen-Rufu.
Entonces fortaleció persistentemente su fe, práctica y estudio con el objetivo de erradicar su karma de relaciones tóxicas, trabajando también así firmemente en su revolución humana. En su caso, tuvo que forzarse dolorosamente a no saltar rápidamente a una nueva relación hasta que no tuvo claro que no había transformado su vida.
Ella ha encontrado por fin su compañero ideal, una persona completamente diferente de aquéllas con quienes se habían relacionado en el pasado. Ahora puede tratarlo con auténtica ternura ya que existe reciprocidad por parte de él, que le retribuye con más amor y cuidados aún. Sin embargo, esto sólo ocurrió a partir de que ella elevó su estado de vida y cambió su óptica hacia los hombres, pudiendo así reconocer y elegir a este afortunado hombre que armoniza perfectamente con ella.
Tres años de práctica diligente, entre lágrimas y experiencias desgarradoras, fueron realmente duros hasta que pudo triunfar en su búsqueda de erradicar el mal karma de las relaciones, pero fue un esfuerzo bien invertido. Si nunca lo hubiera hecho, hoy todavía estaría tropezando y sufriendo a causa del mismo karma, probablemente por el resto de su vida.
La segunda respuesta que nuestra vida puede dar es elegir sabiamente.
No querríamos arriesgar nuestra felicidad atándonos a alguien sólo porque esa persona está disponible para nosotros, ¿verdad? Si lo hacemos, sólo nos cabe esperar un interminable sufrimiento. El sentirse desesperadamente solo, el temor de que no haya otra oportunidad de encontrar a un compañero mejor o el creer que no merecemos a alguien mejor no son motivos suficientes para mecánicamente desvalorizarnos y bajar nuestras expectativas. Es mejor dejar que el corazón continúe anhelando un gran amor que llenar ese doloroso vacío sin criterio alguno.
También aquí, haríamos bien en transformar antes que nada toda esa energía proveniente de la desesperación, el temor y el conflicto interior en combustible que forje nuestro propio desarrollo.
Echemos una mirada a cómo es una armoniosa y sólida unión ante los ojos del Daishonin:
“El hiyoku es un ave de un cuerpo y dos cabezas. Ambos picos alimentan el mismo cuerpo. Los hiboku son peces que poseen un solo ojo. Por eso el macho y la hembra deben permanecer juntos durante toda la vida. El marido y la mujer tendrían que ser así.”
Carta a los Hermanos, WND p 502.
Una relación ideal debería ser recíprocamente nutritiva. Es muy importante que, con nuestro compañero, nos inspiremos y alentemos, respetemos y valoremos, motivemos y fortalezcamos el uno al otro. Que podamos compartir sueños y esperanzas, que abracemos las creencias y el carácter del otro, que juntos vertamos lágrimas frente a la adversidad y que trabajemos como dos en cuerpo pero con una sola mente que posee objetivos comunes. Que nos aseguremos que ambas partes seamos maduras, sinceras, independientes, auténticas, positivas, protectoras y deseosas de mejorar y crecer.
No nos gustaría vernos involucrados con alguien cuya energía es inherentemente destructiva y obstructiva de nuestra felicidad. Si nuestro compañero en perspectiva tiende a ser dominante o a avasallarnos de manera poco razonable y no nos sentimos seguros de nuestra habilidad para amoldarnos con alegría a una personalidad tan fuerte, apliquemos nuestra sabiduría y sentido común para alejarnos de esa relación. Tenemos que estar atentos y no saltar ciegamente hacia una relación predeciblemente condenada y dolorosa desde el mismísimo comienzo.
La tercera respuesta que nuestra vida puede dar a resolver nuestro problema de relación es renovar la imagen que hemos venido teniendo de los que debe ser un compañero ideal.
En verdad, mirándolo superficialmente, es difícil encontrar a alguien cuyas fuerzas y debilidades se adapten a las nuestras de manera perfecta. Pero, depende de nosotros el cómo pensemos y actuemos para complementarnos el uno al otro y crear valor de las aparentes fallas de nuestro compañero.
Cuando los ideales y deseos de ambos lados no están balanceados o están confrontados, antes de considerar la relación como condenada al fracaso y romper el compromiso o de apurarnos a terminarla, hay todavía algo que podemos intentar. De hecho, el activar nuestra sabiduría nos hace tomar conciencia del distorsionado retrato que habíamos pintado de nuestro compañero. También podemos emplear las enseñanzas del Budismo de Nichiren Daishonin para obtener una imagen realista, vívida y positiva de la misma persona.
Hay diferentes ángulos desde los cuales podemos reconsiderar nuestra opinión de nuestro compañero y hallar formas de corregir y ajustar las diferencias de ambas partes.
¿Son esos problemas fundamentales para nuestra relación, algo definitivamente insoportable en el largo plazo?, ¿están instalados sin que exista la menor posibilidad de mejora o cambio?, ¿son únicamente responsabilidad de nuestro compañero?, ¿o bien son el producto de nuestra propia mente ilusionada por la función de los Tres Venenos de la codicia, la furia y la estupidez? Y, los que es más importante de todo, ¿poseemos la sabiduría para ver la realidad de estos vínculos como una manifestación de nuestro propio karma, y estamos dispuestos, por tanto, a asumir total responsabilidad?, ¿qué podemos hacer para ayudar a nuestro compañero y dar un giro en nuestra relación?
¿Alguna vez se peguntaron por qué un hombre al que dejaron se convierte en pareja de otra persona? “Los que uno deshecha es el tesoro de otro.”, dice el refrán. Vale decir, el valor de todo es relativo, dependiendo de su vínculo con el medio ambiente y del ángulo desde el cual lo miramos. ¿Significa esto que podemos reconfigurar el patrón de nuestra relación sin necesidad de cambiar de compañero?, ¡Sí!
Y aquí viene la importante cuestión a tener en cuanta y la verdadera tarea de realizar: ¿podemos brindarlo a nuestro compañero espacio para vivir su propia vida en lugar de envolverlo en la estrecha mira de nuestros esquemas mentales?, ¿deseamos aplicar la sabiduría, misericordia y fuerza –nuestra naturaleza de Buda –para transformar en medicina?, ¿recorreremos este nuevo camino, dondequiera que éste nos lleve, con una actitud positiva y crearemos nada más que buenas causas para nuestra relación?, ¿queremos realmente aplicar nuestra sabiduría y misericordia para comprender el punto de vista de nuestro compañero y practicar éste budismo en su nombre para ayudarlo a transformar su karma y erradicar su sufrimiento?
La cuarta respuesta para ayudarnos en nuestra relación es reflexionar acerca de lo que queremos y estar bien preparados para lograrlo. En otras palabras, determinar lo que queremos, así como también determinar que llevaremos a cabo lo que sea necesario para merecerlo.
Los deseos, necesidades y aspiraciones de las personas varían, y los criterios que ella se fijó puede que no coincidan con el de muchas personas। No importa la magnitud de lo que nos propongamos: si hacemos la causa necesaria, recibiremos el correspondiente efecto.

Si hemos venido teniendo dificultades en hallar a nuestro compañero ideal, sabemos que es en nuestro interior donde se encuentran en última instancia las respuestas acerca de cómo alcanzar esta meta.
Lo primero que podemos hacer en nuestras vidas es construirnos a nosotros mismos antes que nada.
Nuestro objetivo mínimo debería comenzar por convertirnos en personas dignas de ser amadas. Y el objetivo final es pulir nuestras vidas de manera que atraigamos a los candidatos ideales como imanes llenos de promisorias retribuciones por habernos confiado sus corazones.
Para alcanzar tales objetivos, en primer lugar y antes que nada es recomendable que comencemos una campaña de daimoku para elevar nuestro estado de vida y hacer emerger nuestra sabiduría.
Según el principio de “unidad de persona y su medio ambiente”, a menos que nos elevemos del nivel en el que nos encontramos ahora, siempre seremos presas del consabido medio ambiente conflictivo y de sucesos perturbadores que no son más que el fiel reflejo de nuestro estado de vida.

Perspectiva psiquiatra sobre el budismo

Irlanda

Charles y su esposa Justyna
Charles y su esposa Justyna
El sufrimiento puede causar trastornos mentales más graves que los físicos. Una depresión aguda puede generar falta de motivación y esperanza. Tal es así que parte de la labor de los médicos y los terapeutas es infundir esperanza en sus pacientes para que éstos puedan sentir confianza y optimismo en que podrán superar el trastorno anímico, y encarar la vida, la relación familiar y la situación laboral.
Yo trabajo como psiquiatra en un hospital del occidente de Irlanda. Los casos de alteraciones que examino suelen ser similares a los que se observan en cualquier otro lugar del mundo. Las dolencias mentales son semejantes en África, Asia o las Américas. Es algo que puede afectar a cualquier ser humano. La esquizofrenia –o el trastorno bipolar— produce la pérdida de la conciencia de la realidad, e inclusive, hace experimentar delirios de persecución y paranoia. Sin embargo, en la mayoría de los trastornos mentales se pueden aplicar tratamientos de terapia, fármacos y rehabilitación psicosocial, que, contrario a la opinión pública, producen una buena reacción en los pacientes.
Uno de los mayores retos que asumen los profesionales de la salud mental es atender a quienes recurren a ellos con misericordia, compasión y respeto, y sobre todo, brindarles constantemente esperanza, por más que ellos mismos se sientan amilanados tras una intensa jornada. Para mí, la práctica del budismo y la filosofía humanística de Nichiren han sido de gran apoyo. Me convertí al budismo de Nichiren hace veintisiete años, por intermedio de un doctor y un colega, en un momento que, carente de religión y filosofía de vida, había perdido el norte. Tras conocer el budismo, empecé a vivir cada día con renovado ánimo y vitalidad. Me ayudó a manejar mejor la tensión y la presión diarias. El aliento y el apoyo de los miembros de la SGI de mi comunidad, la filosofía budista propugnada por Nichiren y el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, en sus escritos se convirtieron en un importante aliciente de mi vida, y me permitieron avanzar con determinación en mi profesión de psiquiatra dándome el valor de rendir exámenes profesionales.
Al comienzo, temí que el pensamiento budista pudiese presentar contradicciones con la profesión que ejercía. Sin embargo, después me di cuenta de que el budismo era totalmente compatible con mi oficio, el cual consiste en ayudar a otras personas. A mis pacientes, no les hablo de budismo, pero la filosofía budista me sirve en el trabajo y suelo contarles a mis colegas cómo aplico en el trabajo los principios del humanismo expuestos en el budismo. Las modificaciones que he realizado en el tratamiento tras conocer la teoría budista son, por ejemplo, aconsejar a mis pacientes a no mirar hacia atrás demasiado y a no lamentarse del pasado, sino pensar en el “de ahora en adelante”. Instarlos a no dejarse dominar por las emociones y actuar con sentido común y sabiduría. Este método concuerda con la terapia cognitivo conductal desarrollada por el psicólogo estadounidense Aaron Beck. En adición, recomiendo a mis pacientes tratar de afrontar los problemas interpersonales o de familia con tolerancia y compasión. Les digo que deben tener esperanza, que ellos y su situación evolucionarán positivamente. Toda terapia debe efectuarse con respeto hacia cada ser humano.

Charles, su padre Patrick y su perro Homer
A medida que fui informándome sobre el budismo, comprendí que dicha filosofía permite comprender la humanidad y la psicología en un plano profundo y diferente que el que había conocido en el mundo académico de la psiquiatría o la psicología. El abatimiento, la ansiedad y los problemas concomitantes con la ira son fenómenos descritos en la medicina especializada en las enfermedades mentales y también en la doctrina budista, dentro del concepto de los diez estados de la vida, tales como el estado de infierno, el de los animales y el de la ira. Por supuesto, la psiquiatría no hace referencia a los otros siete estados del de las entidades hambrientas, el de los seres humanos, el de los seres celestiales, el de los que escuchan la voz, el de los que toman conciencia de la causa, el de los bodhisattvas y el de los budas. Otro concepto que no describe la psiquiatría es el de los tres venenos. Según el budismo, las personas viven en un estado ilusorio que los hace sufrir debido a que la percepción de la realidad es distorsionada por los tres venenos de la codicia, el odio y la estupidez. La práctica del budismo permite desarrollar los antídotos: sabiduría, valentía, misericordia y vitalidad, y la tan esencial esperanza. La esperanza surge de la convicción de que podremos lograr una mejora fundamental en nuestras vidas (hacer revolución humana) y, a la vez, contribuir a la sociedad y al mundo.
La depresión y la ansiedad son dos de las afecciones anímicas más frecuentes y mayoritarias que observa la psiquiatría. Se calcula que un dieciséis por ciento de la población es susceptible a sufrir una grave depresión en su vida. El porcentaje de afectados por la ansiedad es similar. Esto incluye patologías de corta y larga duración. Uno de los desenlaces más temibles de la depresión aguda es el suicidio. El número de suicidios cometidos por los jóvenes en Europa ha adquirido proporciones epidémicas. En mi país, Irlanda, se produce mayormente entre varones de quince a treinta y cinco años. La tasa se ha triplicado en las últimas tres décadas. Es, además, la forma de muerte más común entre los hombres jóvenes europeos. Las razones del incremento son desconocidas, pero existen teorías que la asocian con el vertiginoso cambio global, la decadencia religiosa y la variación en el rol social del hombre. Es ahí en donde la religión –especialmente el budismo que instila esperanza— puede apoyar a las personas. Otro fenómeno que afecta a grandes números de jóvenes europeos y de otras naciones es el alcoholismo y la drogadicción. El suicidio y el uso excesivo de estupefacientes reflejan la desesperación y la desorientación que experimenta la juventud. El psicoanalista suizo Carl G. Jung opinaba, en El hombre moderno en busca de un alma, que la religión podía incentivar a los pacientes a desarrollar el aspecto espiritual de sus vidas, y manifestó, en ese sentido, expectativas en la filosofía budista.
Recomiendo a quienes sufren de estado anímico depresivo que busquen la ayuda de doctores y profesionales calificados en el tema, ya que existen nuevos métodos prácticos y efectivos que permiten a los que padecen anomalías anímicas –como la esquizofrenia y el trastorno bipolar en las que se aprecian oscilaciones afectivas— llevar vidas normales. Pienso que debemos continuar esforzándonos para evitar que las dolencias mentales sean estigmatizadas y brindar a los pacientes el respeto que se merecen. Para concluir, quisiera compartir palabras del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda: “Creo que el budismo expone un enfoque psicológico de suprema esperanza; es una filosofía de vida de esperanza incomparable”.
[Nota: Un artículo relacionado fue publicado en la edición de agosto de 2005 de la revista Daibyakurenge.]

sábado, julio 2

Buscando la verdad => Seeking the truth

Una hermosa historia sobre Buddha cuenta que un gran sabio de la India fue a ver a Shakyamuni Sidharta Gautama, a desafiarlo con educación y nobleza a que discutieran sobre la verdad.
En esa época, era tradición que los buscadores de la verdad, tomaban como costumbre argumentar sobre los temas profundos y aquel que vencía  o superaba al otro, en sus conceptos, incorporaba al vencido como discípulo suyo, pero no como algo rayano en la esclavitud intelectual, sino que aquel que había sido superado filosóficamente, se convertía de buen agrado, en seguidor de aquel que podría seguir nutriendo su evolución, como una prueba de sabiduría.
Este maestro que fue a ver a Buddha, lo hizo acompañado de otros 500 hombres que a su vez habían sido derrotados por él y ahora eran sus discípulos.
Buddha lo recibió con su armonía y paz, y asintió a la propuesta; pero le preguntó algo que resultó demoledor.
-”No tengo ningún problema en discutir con usted sobre la verdad, pero hay una pregunta que se impone como básica, ¿conoce usted la verdad? Porque no creo que podamos hablar si usted no está seguro de conocer el tema, o de aseverar que usted vive en la verdad.”
El hombre con absoluta corrección y sentido común, le respondió que él no conocía la verdad, por eso intentaba llegar a un punto de disquisición intelectual con Buda, a lo que Buddha rebatió:
-”Yo conozco, la verdad, vivo en la verdad, respiro la verdad, es parte de mi existencia, yo soy eso, y ella está en mi, de ahí que no tiene sentido hablarle de algo que usted no conoce, sería casi una pérdida de tiempo explicar, algo que va mas allá de toda explicación. Como veo que usted es un genuino buscador, le propongo que se quede dos años conmigo, pero en silencio, solo sígame, esté a mi lado, siéntese a mi lado, perciba, camine conmigo, mire el mismo horizonte, sumérjase en las profundidades de nuestra experiencia con todo lo que existe, y después de dos años, responderé todas sus preguntas, toda duda que usted aun pueda tener, esa es mi condición”
El hombre que percibía la grandeza de la que Buddha hablaba, le contestó inmediatamente aceptando ese desafío, con una frase memorable :
-”He pasado más de cincuenta años por todos los caminos, ganando adeptos, discusiones, pláticas, noches en vela escudriñando la verdad, y por supuesto todavía no la encontré, puedo usar dos años más de mi vida, así que acepto quedarme a su lado”
Y así fue. El hombre permaneció con Buddha, días, meses, un año, y súbitamente, perdió su vieja mente, dejo de focalizar en el tiempo, en el pasado, en el futuro, en sus ansias de iluminarse, de saber la verdad, de discutir con Buddha, de analizar la situación; en un instante quizás planeado por todos los instantes previos, el hombre desapareció, en realidad su cuerpo seguía al lado de Buddha, pero su mente desapareció, se esfumó, se fundió en la totalidad de esa existencia a la que Buddha hacía referencia, cesó su personalidad, sus deseos y anhelos, simplemente apareció su ser, y esa es la verdad, esa es la iluminación.
Cuando pasaron los dos años, de los cuales el hombre había  pedido obviamente conciencia, Buddha  le dijo muy risueño, que el tiempo se había cumplido y que era libre de preguntar lo que quisiera, y que él con gusto lo respondería.
Desde ya el hombre solo sonrió y no preguntó nada, el amor que brotaba de él, ya era todo. Se había iluminado.

martes, junio 28

Incienso

El incienso fue usado tradicionalmente para crear una atmósfera de pureza y fragancia frente al altar budista. El ofrecimiento de fragancias en presencia del Buda es mencionado frecuentemente en muchas escrituras budistas, incluyendo el Sutra del Loto.
En La Soka Gakkai, quemamos el incienso frente al altar durante el gongyo de la mañana y de la tarde como una expresión de sinceridad hacía el Gohonzon. La clase de incienso más comúnmente usado ahora, fue introducida durante el periodo Edo (1600-1868).

Se usa de uno a tres palillos, dependiendo de la medida de su quemador. El palillo de incienso, en otras religiones o escuelas de budismo, se quema en una posición erguida pero es una tradición del budismo de Nichiren Daishonin el poner el palillo de incienso en forma horizontal, con el extremo encendido mirando hacia la izquierda. Esta posición es compatible con el objetivo de crear una atmósfera de tranquilidad delante del altar, y posee al menos dos simbolismos importantes: el primero tiene que ver con que nuestra práctica expresa paridad o igualdad con el Gohonzon: no oramos ni rogamos a un hipotético ser supremo sino a la propia esencia de nuestra vida; otro simbolismo podría ser que, al quemar incienso de manera vertical, cuando caen las cenizas de disgregan o esparcen, mientras que cuando lo quemamos de manera horizontal las cenizas quedan conformando un “colchón” de esas mismas cenizas y de cenizas anteriores. Este simbolismo se relaciona con la Ley de Causalidad, por la cual toda causa produce su efecto y no existe efecto que no provenga de una causa.

martes, junio 21

¿Para qué meditamos?



¿PARA QUÉ MEDITAR?

Una vez alguien le preguntó a un maestro de meditación ¿para que meditar?
El contestó con esta historia.:

La puerta.

“En círculos psicoanalíticos se cuenta una historia bien conocida acerca de un hombre que es atormentado por un sueño recurrente. Este hombre se encuentra atrapado en una habitación; es incapaz de abrir la puerta y escapar. Registra la habitación en busca de una llave, pero nunca puede encontrarla.
Con todas sus fuerzas intenta abrir la puerta, pero ésta no se mueve lo más mínimo. No hay ninguna manera de salir de la habitación excepto a través de la puerta que él mismo no puede abrir.
Está atrapado y tiene miedo.
En una sesión con su analista el hombre se refiere a este sueño, el cual ha estado atormentándole durante años.
El analista escucha cuidadosamente el relato del sueño, prestando atención a todos los detalles, e indica que quizás la puerta se abre en la dirección opuesta.
Cuando tiene este sueño de nuevo, el hombre recuerda dicha sugerencia y descubre que la puerta gira hacia dentro sin resistencia alguna.

Una situación común.

Hoy en día mucha gente tiene esta sensación de estar atrapada, de estar encerrada en una vida que ya no parece ser satisfactoria. Sintiendo un sentimiento de callada desesperación y mantenido a distancia a través de una actividad constante o de remedios milagrosos. ¿Quién de entre nosotros no ha sentido alguna vez la necesidad de escapar hacia una nueva vida, fantaseando quizás que uno es liberado por un nuevo y hermoso amante o imaginándonos que ganamos la lotería? Algunos de nosotros nos pasamos la vida esperando; esperando a que pase algo que cambie nuestras vidas. Y aun así, la lección más básica y obvia que la vida ofrece, aparentemente tan difícil de comprender, es la de que la felicidad es un estado mental, y no algo que pueda ser adquirido del mundo exterior o de otras personas.

Todos ambicionamos la felicidad, pero la mayoría de nosotros la buscamos fuera de nosotros mismos; en otras personas, en el trabajo, o en las actividades meramente ociosas. Conforme envejecemos nuestros sueños se desvanecen lentamente. Vamos convirtiéndonos en personas menos idealistas, más pragmáticas. Nos conformamos con lo que tenemos y tratamos de ser filosóficos en relación a esos sueños, aquellos que nunca se cumplieron, o que sí se cumplieron pero resultaron estar vacíos de la promesa que en otro tiempo habían guardado. En su mayoría nuestras vidas se van asentando sobre moldes previsibles, y mientras tanto lo único que hacemos es contemplar tristemente nuestros sueños rotos o vacíos.

En su poema "La Puerta", el poeta e inmunólogo checo Miroslav Holub nos incita a tener el valor de contemplar nuestras vidas con nuevos ojos.

Ve y abre la puerta.
Quizás afuera haya un árbol,
Un bosque, un jardín,
Una ciudad mágica.

Ve y abre la puerta.
Quizás haya un perro hurgando.
Quizás veas una cara, o un ojo,
o la imagen de una imagen.

Ve y abre la puerta.
Si hay niebla,
se despejará.

Ve y abre la puerta.
Aunque no haya nada más
que el tictac de la noche,
aunque no haya nada más
que el sordo aire,
aunque no haya nada,

ve y abre la puerta.
Al menos hará viento.

La puerta de la que el poeta habla es la puerta que se abre hacia dentro para revelar nuestras necesidades más profundas al igual que nuestras más elevadas aspiraciones. La meditación es un modo de abrir esa puerta.

Al abrirla das el primer paso en el "sueño" del despertar que, a través de la historia, ha sostenido la imaginación de la humanidad. Es un sueño sin final predeterminado; es una aventura -la aventura de recreamos, de reconvertirnos-.

Es el gran mito humano del trascenderse a uno mismo.

Llamarlo "mito" no implica que sea irreal. Significa, sin embargo, que es más real; significa que comenzamos a conectar con nosotros mismos de una manera más profunda, a experimentarnos a nosotros mismos como partes de algo mucho más grande y más inmenso. Nos adentramos en la totalidad del curso de la vida.

La puerta de la meditación.

La puerta de la meditación es la puerta de la conciencia y el amor universal, de la expansión sin un límite conocido. La meditación empieza con el proceso de adentrarse en uno mismo y nos conduce a emerger en la corriente misma de la vida, siendo nuestra separación de ésta la causa de nuestro más profundo descontento.

Cuando abrimos esta puerta nunca sabemos lo que vamos a encontrar -sí, puede que sea "un perro hurgando", pero quizás haya "un jardín o una ciudad mágica.

"La meditación es una apertura. Al menos soplará el viento”

Buddha Urbana 
GRACIAS!!!🙏