viernes, febrero 27

Reducir calorías es la clave para bajar de peso

¿Qué conviene más, una dieta baja en grasas, baja en carbohidratos o rica en proteínas? La clase de dieta no importa, dicen los científicos.
Todo lo que cuenta realmente es reducir las calorías y ser constante, según un estudio federal que observó a los sujetos durante dos años.

Sin embargo, los participantes tuvieron dificultades para atenerse a un solo método mucho tiempo y la pérdida de peso fue modesta para la mayoría.

A medida que aumenta el porcentaje de obesos, millones de personas han apelado a dietas populares como Atkins, Zone y Ornish que esgrimen los beneficios de un nutriente sobre otro.

Algunos estudios habían hallado que las dietas bajas en carbohidratos, como Atkins, dan mejor resultado que una tradicional baja en grasa. Pero las nuevas investigaciones descubrieron que la clave para adelgazar es atenerse a la regla básica: abajo las calorías.

"El secreto es que no interesa si uno se concentra en reducir las grasas o los carbohidratos", dijo la Dra. Elizabeth Nabel, directora del Instituto Nacional Cardíaco, Pulmonar y Hematológico, que financió la investigación. Agregó que limitar el consumo de calorías y quemar más calorías con ejercicio es la clave.

El estudio, que aparece en la edición del jueves de la New England Journal of Medicine, fue conducido por la Escuela de Salud Pública de Harvard y el Centro Pennington de Investigación Biomédica en Luisiana.

Los investigadores asignaron al azar a 811 adultos excedidos de peso a cuatro dietas, cada una de las cuales contenía diferentes niveles de grasas, proteínas y carbohidratos. Las cuatro contenían grasas saludables, eran ricas en granos integrales, frutas y verduras y bajas en colesterol.

Unos dos tercios de los participantes eran mujeres. A cada uno se le estimuló a que perdiera 750 calorías diarias con su dieta, que se ejercitara 90 minutos diarios, mantuviese un diario alimentario en Internet y se reuniera regularmente con asesores en nutrición para controlar sus progresos.

Ninguna de las dietas fue mejor que otra: la reducción de peso y en tamaño de cintura fueron similares en todos los grupos.

Los participantes bajaron un promedio de 6 kilogramos (13 libras) a los seis meses, pero todos los grupos empezaron a subir de peso después de un año. A los dos años, la pérdida de peso promedio había bajado a 4 kilogramos (9 libras). Sólo el 15% bajó el 10% o más de su peso inicial.

jueves, febrero 26

Una buena dieta debe ser...

Una buena dieta debe ser alta en fibra pero baja en calorías y grasas saturadas
Los defensores de varias dietas argumentan que la suya es la mejor y la más saludable forma de perder peso,y un nuevo estudio sugirió que muchas de esas alternativas son efectivas.

Los resultados de la investigación mostraron que las personas que desean hacer dieta deberían optar por el programa de pérdida de peso con el que se sientan más cómodos, siempre que tenga alto contenido de fibra y bajos niveles de calorías y grasas saturadas, informó Reuters.

"No puede fallar", dijo en una entrevista telefónica el doctor Frank Sacks, de la Escuela de Salud Pública de Harvard, cuyo estudio fue publicado en New England Journal of Medicine.

"Nuestro punto es: escoja una dieta que sea buena para su corazón y tenga un amplio rango de lo que puede comer. Luego simplemente sea razonable con la ingesta. Si necesita perder peso, coma menos", agregó el experto.

Más de 800 voluntarios estadounidenses, que tenían sobrepeso u obesidad, fueron asignados a una de cuatro dietas.

Dos eran de bajo y dos de alto contenido en grasa. Dos implicaban elevado y dos bajo consumo de proteína. Los niveles de carbohidratos variaban entre un 35 por ciento y un 65 por ciento de la dieta.

A todos los pacientes se les pidió que realizaran 90 minutos de ejercicio moderado por semana y todos recibieron asesoramiento alimentario.

Los voluntarios fueron seguidos durante dos años, que es un lapso mucho mayor al de la mayoría de los estudios previos sobre dietas.

La pérdida de peso promedio fue de 4 kilos y las personas solieron perder 5 centímetros de cintura, más allá del tipo de dieta que seguían.

"No hay una dieta especial que sea mejor que cualquier otra para bajar de peso", dijo Sacks.

"Mientras sea saludable para uno, alta en grasas insaturadas y cereales integrales y fibra y baja en comida chatarra, carbohidratos y alimentos grasos, cualquiera de estas variaciones estará bien para adelgazar", añadió el autor.

Sacks dijo que los resultados "no pondrán contentos a los defensores de una dieta especial pero son una buena noticia para la mayoría de las personas".

En todas las dietas, la pérdida de peso en su momento cúspide es a los seis meses. Después de un año, los voluntarios tendieron a comenzar a recuperar algunos kilos.

Las personas que perdieron el 10 por ciento de su peso corporal tenían un menor riesgo de enfermedad cardíaca y otros problemas del corazón. Sacks manifestó que fue alentador que el 15 por ciento de los voluntarios adelgazaran a ese nivel.

miércoles, febrero 18

Todos podemos aprender a ser flacos

Contar calorías o evaluar los números de centímetros y balanzas no son las únicas constantes matemáticas que rigen la vida de Alberto Cormillot (70): su pasión es estrictamente proporcional al incansable ritmo que lleva. De acá para allá, por su clínica ubicada en el barrio de Núñez, el médico anda con su sonrisa a flor de piel y una colación a mano. Mientras tanto, en la sala de espera, varias personas obesas aguardan adelgazar y cambiar de vida, como lo vieron por tevé. Es evidente que el programa Cuestión de peso trajo toneladas de satisfacción: ayudó a decenas de participantes, aceleró la sanción de la Ley de obesidad en Argentina e instaló el tema de la gordura y la alimentación con honestidad y sensatez, educando a millones de televidentes. Porque –asegura el Dr. Cormillot– todo es cuestión de enseñar y aprender: “Hoy sabemos que el comer consciente y la neuroplasticidad son los nuevos pilares. Se trata de recientes descubrimientos en materia de obesidad, nutrición y neurofisiología. En el aprendizaje de nuevos esquemas mentales está el secreto para perder peso y mantenerse. Hacer las paces con el cuerpo es posible”, explica.
¿En qué consiste ese aprendizaje? La gente sabe cómo perder peso, pero a la larga la mayoría fracasa. Eso es porque, si no los ayuda un profesional, van a sobrevivir en ellos hábitos de gordos. La neuroplasticidad plantea que si uno pone en práctica esquemas mentales más saludables una y otra vez, a la larga se aprenden y dejan de lado los viejos malos hábitos.
¿ Y cómo funciona la neuroplasticidad? Es la capacidad del cerebro de generar nuevas conexiones entre neuronas, que envían neurotransmisores entre sí organizando redes. Esas redes van a delinear la conducta individual: el periodista tiene la red de hacer entrevistas, el futbolista la de meter goles y así. Se llaman “sinapsis”, y sólo sobreviven aquellas que el cerebro usa. Las que no, se duermen o desaparecen. El cerebro se adapta, es elástico. Pero un gordo tiene todo el sistema alterado, falla la conexión entre el cerebro y el estómago. Una vez que se programa para ser gordo, es muy difícil que eso cambie aun cuando pierda peso. ¿Entonces, cómo influye ese esquema en la obesidad? Las redes neuronales hacen que el gordo se vaya acostumbrando a serlo: deja de usar determinada ropa, de mirarse al espejo, de pesarse… Y tiene una contradicción: a lo mejor dice: “No voy a comer nunca más” y al rato compra una empanada. Es que todo el tiempo recibe mensajes contradictorios que le destruyen la sinapsis de la racionalidad. Se le dice que tiene que bajar de peso rápido, que con una dieta restrictiva le va a cambiar la vida. Pero él sabe, internamente, que no es cierto. La única manera de crear nuevas redes es con un plan negociado y seguimiento profesional.
¿De dónde vienen esos mensajes contradictorios? La mayoría desde afuera: vecinos, amigos, conocidos, medios de comunicación. Todo el mundo ve en el Parkinson algo serio, pero a la obesidad muchas veces no se la acepta como enfermedad. Al gordo se le dice que vaya a ver a un gurú, mientras que a alguien que tiene cataratas se le aconseja ir al oftalmólogo. Es muy peligroso, pero está instalado así: en el tema obesidad se puede decir cualquier cosa, mientras que en cardiología o pediatría no.
¿Por qué pasa eso? Porque como todo el mundo come, todos creen que pueden hablar de comida. Una locura. Así nace la ignorancia creativa: cuanto menos se sabe sobre determinado tema, más cosas se pueden inventar acerca de él. Entonces a alguien se le ocurre que un vaso de agua con limón en ayunas ayuda a perder peso y el consejo se extiende, aunque científicamente no tenga razón de ser.
¿El boca a boca alimentario siempre es malo? No, no siempre, porque en muchos casos opera el sentido común y puede ayudar. El problema es que todos opinan qué comer y se deja de lado que cada caso es único.
Pero si uno sabe más o menos lo que tiene que comer… ¿Por qué fallamos? Porque operan viejos circuitos. La neuroplasticidad plantea que si uno practica y practica una disciplina, finalmente va a aprenderla. Entonces el tratamiento contra la obesidad consiste en enseñarle al gordo a que repita conductas hasta que le salgan automáticamente. Es como andar en bici: te caés y te caés, hasta que un día salís andando. Muchos creen que una vez que adelgazan ya está, se curaron. Entonces puede venir la recaída. Hay que asumir que la obesidad es una enfermedad para toda la vida y por eso es tan importante aprender a dejar de ser gordo.
¿Se contempla el error como algo bueno? El error es básico y hace bien. El tema es la repetición: todos podemos aprender a ser flacos, pero necesitamos una guía y mucha conducta. La persona con sobrepeso es trucha: todos los lunes empieza a hacer dietas heroicas que nunca pasan del miércoles. Es un autoengaño que justifica el atracón que vendrá después.
“SI SEGUIMOS ASI, VAMOS A EXPLOTAR”. Su mensaje es claro, pero su despacho esconde una intriga tras otra: hay desde libros científicos, hasta cuentos y novelas fantásticas; pasando por réplicas egipcias, fotos, souvenirs de viajes y hasta juguetes de peluche. Incluso las cenizas de sus padres reposan sobre su escritorio, que desborda de objetos personales. “¿Por qué no voy a tener sus urnas acá? Si los quiero cerca…”, pregunta. Desde siempre, Alberto Cormillot come sano, pero también hace sus “permitidas” de sábados y domingos. “Nunca digo que no a un buen asado. Mi neuroplasticidad fue aprender a bailar. ¡Nunca lo había hecho en sesenta años! Hoy practico tap seis veces por semana y me encanta. Pero ojo, que no soy bueno, eh. Lo que tengo es una paciencia… –cuenta al tiempo que reconoce que los aprendizajes precisan de igual dosis de constancia y dedicación–. No será de un día para el otro, pero la gente puede ir incorporando mejores conductas. Comer con conciencia es fundamental y para eso sirve anotar lo que ingerimos. Pesarse también es importante, porque si uno sube va a comer menos. Al hacer una dieta es vital que los objetivos sean precisos y razonables: no se debe aspirar a bajar cuatros kilos por semana, ni caminar diez cuadras cada tanto”, sostiene el especialista.
Hace casi cincuenta años que te dedicás a la alimentación. ¿Cómo hacés para innovar? Siempre me preocupo por saber qué es lo que le interesa al paciente: a todos no les pasa lo mismo, ni tienen los mismos miedos. Espero ver el caso, porque la obesidad puede ser parecida, pero las personas son distintas. No se puede poner piloto automático y dar siempre las mismas respuestas. Lo más fácil del mundo es recetar sin tener en cuenta si el paciente puede o no hacerlo. El guardapolvo no me habilita a decirle a una persona con sobrepeso que deje de comer: hay que estar muy bien preparado para demostrarle que va a lograr algo que ya intentó miles de veces.
¿Qué pasa con quienes no tienen demasiado sobrepeso? Si no les molesta, nada. El tema es que se sigan pesando, porque hoy a lo mejor son dos kilos, pero si se pierde la conciencia pueden aumentar. La gente cada vez come más y se mueve menos. Y todos los días aparecen nuevas cosas ricas y tentadoras que, en grandes cantidades, hacen mal.
¿Cómo se escribe esta historia hacia adelante? La gordura crece y, si seguimos así, la gente va a explotar. De hecho, muchos ya están explotando: el sobrepeso genera problemas de hipertensión, infartos, diabetes. Las proyecciones son malas: si la situación no cambia, en 2020 habrá en Argentina un 65% de gordos y en 2040 un 96%.
¿Qué es lo que se debe hacer para revertir el problema? Una política que contemple la salud alimentaria con seriedad. Fue muy importante el avance de la Ley de obesidad, porque se trata de una norma revolucionaria, pero todavía falta mucho y habrá que trabajar para ponerla en práctica. Yo creo que el trabajo que hicimos desde la tele, por ejemplo, tuvo su peso. Y que inclinó la balanza: le abrió la cabeza a la gente y demostró que hay muchas personas que atraviesan por lo mismo, y que se puede cambiar. La televisión es una herramienta importante y hay que aprovecharla.
¿Qué fue lo más importante desde tus comienzos hasta ahora? Que se comenzó a ver la obesidad como una enfermedad crónica. Y que se instaló que no hay que fanatizarse con las dietas, sino apelar al sentido común y descreer de las soluciones mágicas. Además, se propició el placer a la hora de comer para no pagar consecuencias. Conozco gente que se la pasó años subiendo y bajando de peso por negarse a un tratamiento serio. Lo importante es entender que bajar de peso es un proceso y no un acto.